La dicotomía de la ventana






La ventana es un objeto que ha estado presente en al arte a lo largo de toda la historia diferentes artistas, pintores o cineastas la han utilizado como punto de partida o elemento central de sus obras. Las ventanas marcan un punto de encuentro entre lo exterior y lo interior, entre lo físico y lo psíquico, entre la naturaleza y el espacio doméstico. Las ventanas nos ofrecen una visión desde la seguridad del espacio interior hacia la inmensidad del mundo exterior. Mirar a través de una ventana nos ofrece también una posición privilegiada, una visión única que sólo podemos ver a través de la ventana por la que miramos, pero a la vez podemos ser vistos por muchas miradas. Mirar por la ventana evoca melancolía, una espera de algo que no llega, el anhelo de volver a ver algo que ya forma parte del pasado pero que de alguna manera sigue anclado en nuestro ser. Cuadros como la Condición Humana , de Magrit utilizan la ventana como medio de enlace entre el interior y el exterior, el cuadro como ventana a través del cual se observa lo real. La ventana como elemento opuesto a su condición natural. Mirar por la ventana simboliza esa manera de vivir siendo un espectador y disfrutando de lo que sus vistas ofrecen. Abrir una ventana representa una mirada al futuro, una renovación, una esperanza en que algo nuevo y bueno llegará. Oscar Wilde también escribió sobre las ventanas metafóricamente: “El peor crimen es la falta de imaginación, pero eso no pasará mientras las ventanas nos lleven bien a las experiencias propias o a las de otros…”

La ventana es lo más parecido al cine, a la fotografía. Son instantes, situaciones y sensaciones aquello que vemos a través de las ventanas lo mismo en las obras artísticas.


La ventana tiene una doble mirada una exterior al otro lado del cristal, la que nos permite llenarnos con los sonidos y los aromas de la calle, nos anima a zambullirnos en el mundo sin más pretensión que disfrutar de la libertad que de nosotros se apodera. Y en contraposición la mirada desde el otro lado, desde la distancia del cristal. Nos permite ver qué sucede pero no conectar con el mundo exterior, desde este lado seguimos anclados al mundo interior, a la vida doméstica, a la mera contemplación del entorno, a nuestras obligaciones y presiones sociales.

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